viernes 3 de julio de 2009

EL PROFESOR Y EL CHUMBO


Los asiduos visitantes de este blog habréis observado que suelo comenzar cada entrada con una breve introducción. En ella relato qué es lo que me ha impelido a teclear. En muchas ocasiones, casi nada tiene que ver el origen del opúsculo con el tema que desarrollo. Este es el caso. Veréis, queridos amigos.


El pasado jueves asistí a la presentación del libro Historia y actualidad de un museo científico, cuyo autor no es otro que mi hermano Luis. Antes de cambiar de tercio, quiero informaros de que el Museo de Ciencia Padre Suárez, situado en los sótanos del Instituto granadino del mismo nombre, ofrece un excelente ejemplo de lo que debe ser un museo de ciencia. Podéis comprobarlo pinchando en el enlace que he dejado atrás. Avasallado en fama por el Parque de las Ciencias de la misma ciudad, en el Museo Padre Suárez sí que se encuentra ciencia auténtica, y no una colección de jueguecitos interactivos que el público suele interpretar como mera prestidigitación, sin enterarse de cuál es el fundamento de la magia que subyace a la experiencia. Si viajáis a Granada, procurad visitar el Museo Padre Suárez. No os decepcionará.


El caso es que, en el transcurso de la conversación de café que mantuvimos al término del acto mi hermano, mi primo y yo, salieron a relucir, normal, la pedagogía y la didáctica. Entonces les narré las terribles experiencias que hube de sufrir como padre LOGSE: en concreto: como padre cuya hija inauguró la puesta en marcha de la LOGSE. Qué horror, madre mía. Porque a mi hija mayor la arrolló el estreno de la LOGSE. A mi otra hija ya le pilló la Ley algo más atenuada. Pero a mi primogénita... Con solo recordarlo, se me desgarran las mangas de la camisa al erizárseme el vello de los antebrazos. Os referiré aquí los más espeluznantes episodios


1) Dos entes. Describo la escena: Rocío hace sus deberes. En la mesa reposa el libro en el que ha de responder a diversas cuestiones rellenando huecos señalados por una ristra de puntos.


Papá, dime dos entes. ¿Dos entes?, ¿a qué te refieres, Rocío? No sé, papá, aquí dice que escriba los nombres de dos entes. Joder, qué cosas te piden, hija, pues..., no sé..., un ente es cualquier cosa que exista, pon entonces dos cosas cualesquiera. ¿Dos cosas?, no, papá, dímelas tú. Venga hija, que es fácil, pon dos cosas, las que se te ocurran. A mí no se me ocurre nada, papá, dímelas tú, porfa. Bueno, anda, Rocío, allá van dos entes: copia: el profesor y el chumbo. Pero, papá, mira que por donde me has salido..., ¿cómo voy a poner eso?, seguro que me cascan un cero. Qué va, Rocío, es una respuesta perfecta. Que no, papá, que no pongo yo el profesor y el chumbo, vamos, faltaría más... Pues no entiendo por qué no puedes ponerlo, Rocío, ¿no es el profesor un ente?, ¿eh?, ¿y el chumbo?, ¿no es el chumbo otro magnífico ente? Que no, papá, dime otros dos entes que no sean ni el profesor ni el chumbo. Me niego, Rocío: yo ya te he dicho dos entes, así que, o pones los que te he dicho, o te inventas tú otros dos entes distintos. Papá, por favor, que tengo que entregar esto mañana, no me seas cabezón...


No recuerdo bien cómo acabó aquello de el profesor y el chumbo, ni si mi hija eligió otro par de entes con que solucionar la papeleta.


2) La leva. La asignatura de Tecnología representó la peor de las amenazas. En cierta ocasión tuve que construir una biela, una manivela y una leva. Aproveché una cita con el tutor para desahogarme.


Verá usted, entro por el aro porque no me queda más remedio, pero no concibo que a las matemáticas se le dediquen tres horas a la semana, y a la tecnología, cuatro. Tengo 40 años, ¿sabe, usted?, y he vivido tan tranquilo hasta hoy sin necesidad alguna de construir una leva. Y es que no entiendo por qué hay que construir una leva para saber lo que es una leva. El día que haya que explicar lo que es un motor de explosión, ni me imagino lo que tendremos que hacer los padres. Porque, además, seguro que ningún alumno ha hecho su leva. Se la habrá hecho su papá. Y esto habrá que tomarlo como un concurso de padres: a ver qué padre construye la mejor leva.


Tuve que confeccionar todo tipo de artilugios con la mera ayuda de las herramientas de las que se suele disponer en un hogar normal. Aquel padre LOGSE necesitaba de completos bancos de carpintero, tornos de mecánico, hornos de ceramista, túneles del viento, prensas hidráulicas, talleres de electrónica y, si me apuran, hasta aceleradores de partículas. Otra vez cocí en mi microondas doméstico una palmatoria de arcilla. Por supuesto que, nada más depositarla en la mesa de la cocina, mi obra de alfarería se rompió en 4 ó 5 trozos. Haciendo trampas, recompuse las piezas a base de pegamento rápido. A la mañana siguiente, cuando dejé a mi hija a las puertas del colegio, le encomendé que tuviera el máximo cuidado transportando la palmatoria.


Rocío, por la Virgen, por san Miguel Arcángel y por todos los coros celestiales, lleva la caja de la palmatoria siempre en esta postura. Y déjala en el pupitre con suavidad. Mucha precaución, ¿vale, Rocío?, procura que no se te fragmente de nuevo.


Cuando la recogí, vi que cada uno de sus compañeros sostenía en su mano una palpatoria descuajaringada. En cambio la mía, gracias al cianocrilato, se mantuvo intacta el tiempo justo para calificarla.


Y solo he narrado unos ejemplos. Porque al comprar los libros de texto en septiembre, el primero de los que hojeaba, temblándome las manos, aterrorizado, temeroso de lo que se me ordenaría en sus páginas, era el de Tecnología. Quién sabe si aquel año me tocaría construir a escala el Golden Gate con pinzas de la ropa.


3) La incardinación en el medio. Terminó Rocío la LOGSE sin saber a ciencia cierta si Teruel lindaba con Ceuta, si el Tajo, a su paso por Gijón, tributaba sus aguas al Genil, o si hubo un Fernando XII en la monarquía española que ganó la batalla de Trafalgar enfrentándose a la flota turca que capitanaba Conan el Bárbaro. Por el contrario, aprendió todo lo aprendible de nuestra comunidad autónoma y, más en concreto, de los alrededores de nuestra ciudad. De hecho, tanto alabó su maestra uno de mis trabajos, que lo colgué orgulloso de El rincón del vago. Qué obra la mía. No quedó arroyuelo ni montículo cercano a Málaga que no citara en mi estudio. No obstante, estas cateterías me pusieron en algún que otro apuro.


Papá, ¿hay artesanos cerca de aquí? Cómo artesanos, ¿a qué te refieres, Rocío? Sí, verás, es que en mi libro dice: Si hay en tu calle algún artesano, pregúntale en qué consiste su labor y escríbela a continuación. Ah, bueno, Rocío, es fácil, copia, que te dicto: en mi calle no hay ningún artesano. Por favor, papá, ¿ya estamos otra vez?, no puedo poner eso. Pero si es verdad, Rocío, en esta calle no vive ningún artesano: no querrá el autor del libro que uno se invente un artesano, ¿no?, aunque con las actividades de Tecnología que llevo hechas, igual me puedo considerar ya un artesano polifacético..., soy alfarero, electricista, tallador, cestero, calafateador, sillero, afilador, cerero, orfebre, encuadernador, tapicero..., de todo, Rocío, he acabado sabiendo de todo: venga, de qué artesanía quieres que te hable.


Otra de aquellas preguntitas, supongo que enfocada a profundizar en la cultura andaluza, rezaba así: Busca en tu barrio a alguien que sepa un cante de trilla, pídele que te lo entone y cópialo a continuación. Le exigían a la chiquilla, urbanita de nacimiento, nada menos que un cante de trilla. A lo mejor en los pueblos hay quien se sepa alguno, pero en plena capital... Habréis adivinado, queridos lectores, cómo me zafé en esta ocasión del puñetero cante de trilla.


Rocío, escribe, que esta será tu respuesta: En mi barrio no hay nadie que se sepa un cante de trilla.

miércoles 24 de junio de 2009

MIEDO Y LITERATURA EN "PARADIGMA"

Antonio Heredia, miembro del Consejo de Redacción de la revista Paradigma (editada por la Universidad de Málaga), me pidió que colaborase con un artículo. Tratándose de un monográfico sobre el miedo, me propuso escribir algo sobre el miedo en la literatura. Pues bien, el número 7 de junio del 2009 ya se ha publicado y se ha colgado en la red para su libre difusión.
Podéis leerlo en Paradigma

"VICTORIA Y EL FUMADOR" GRATIS

Queridos amigos:

Al acabar el periodo lectivo y ordenar esta mañana mi despacho de la Facultad, me sorprendí al ver que conservaba en el fondo de uno de los armarios una caja con 15 ejemplares de mi segunda novela Victoria y el fumador. Entonces recordé que, en su día, cuando salió la primera edición y me dieron los volúmenes que me correspondían por contrato, me llevé unos cuantos a la Universidad pues me estorbaban en mi domicilio.


El caso es que, transcurridos 3 años de aquello y habiendo cumplido hace tiempo con todos mis compromisos, ya no tengo más amistades o familiares a los que obsequiar. De ahí que se me haya ocurrido regalar estos 15 libros a los primeros 15 lectores de este blog que me lo solicitéis.


Así, aquellos de entre vosotros a quienes os apetezca recibir un ejemplar de Victoria y el fumador solo tenéis que escribirme un e-mail (mi dirección está en el perfil). Ya nos pondremos de acuerdo en cómo proceder con el envío.



Un amistoso saludo a todos

lunes 15 de junio de 2009

BAUTIZOS LAICOS

Hubo un tiempo en que los ateos eran personas serias, coherentes, de cierta formación intelectual. Como habían llegado a su convencimiento por medio del raciocinio, renegaban de Dios sin aspavientos, sin colgarse medallas, sin ridiculizar a los creyentes, respetándolos. Consideraban la fe como una debilidad de la condición humana, siempre temerosa de lo que habrá más allá de la muerte, y, por ello, no solían ensañarse con nadie. Si acaso, con los curas o con la jerarquía eclesiástica, exteriorizando su postura más como anticlericales que como anticristianos. Alguno, no queriendo asustar a familiares y amigos con las ideas que lo condenaban al infierno, hasta ocultaba su auténtico pensamiento autocalificándose de agnóstico: un escalón menos: tal vez el purgatorio.

En contraste con esta antigua circunstancia, los payasos y payasas de Progrilandia avanzan en la Cruzada de convertir al ateísmo en una flamante religión. A falta de ritos propios, echan mano de los ajenos amoldándolos a martillazos en un nuevo misal del despropósito, texto que hoy se halla en curso de redacción. Ya hace años que instalan en sus casas belenes laicos, maquetas de paisajes invernales en las que no figura el Niño Jesús ni la Virgen ni San José ni los Reyes Magos, pero sí el Caganer, claro. Y escribo Caganer con mayúscula pues este líder de la escatología ha entrado en el santoral del laicismo. (Sugiero que, en pro de la igualdad, se añada la correspondiente Caganera.) En Nochebuena no celebran la Navidad, sino el solsticio de invierno, atrasándolo en su ignorancia del 21 al 24 de diciembre. No importa. Hay que enmendarle la plana al Sol, quien alcanza el Trópico de Capricornio sobre la bóveda celeste 3 días antes simplemente porque es un facha. Además, ¿por qué el Sol es masculino y la Luna femenina? Machismo inaceptable. Propóngase a la RAE que se diga la Sol y el Luna.

Uno a uno se laicizan los ritos católicos para incorporarlos al catecismo progresista. La última adaptación: el bautismo: ahora llamado Ceremonia Laica de Imposición de Nombre. Si se populariza práctica tan avanzada, la economía a la que tiende el lenguaje acabará por reducirlo a sus siglas: CLIN.

¿Cuándo será el CLIN de tu bebé? El sábado próximo, que para entonces habremos terminado los cursillos PreCLIN en la agrupación local del Partido. ¿Y a qué hora será? A las cuatro de la tarde, no había otro hueco, chica, porque el sábado se celebran en el Ayuntamiento un CLIN tras otro: el Concejal de Sacramentos y Festejos no da abasto. Eso sí, le van a leer un poema de esta revelación de las letras..., cómo era..., bi.., bi..., Bibiana Aído, eso, y los maceros-sacristanes lo traducirán al català, al galego y al euskera. Qué bonito, ¿y qué música habéis elegido? Ah, esa es otra, mi ex suegra se empeñaba en Como una ola de Rocío Jurado, será carca la tía..., pero yo me empeñé en Ramoncín, concretamente, en Marica de terciopelo. Muy bien hecho, sí, señora, y que los retrógrados se vayan a tomar el fresco a una central nuclear: lástima que no pueda asistir al CLIN de Juan Aire Limpio, porque si es igual que el de tu mayor, el de Cabra Hispánica en Peligro de Extinción..., cuánto disfruté allí..., Santa Capa de Ozono: y hasta me emocioné cuando le dieron a tu niña su primera píldora postcoital y le rociaron su cabecita con agua derretida de un glaciar del Pirineo. ¿Cuántos cumple ya tu hija?, porque estará muy crecida, ¿verdad? Mucho, sí: cumple quince. Qué barbaridad, ¿quince?, Santa Bombilla de Bajo Consumo, si ya mismo hasta puede abortar... ¿Has visto cómo pasa el tiempo, chica?, ahora ni conocerías a Cabra Hispánica en Peligro de Extinción: solo le faltan unos meses para la Confirmación: Ay, qué ganitas tengo de que la Alcaldesa-Canóniga le entregue en la ceremonia su carné de atea...

Algo que sin duda dará mucho juego será la primera comunión. ¿Se sustituirá la hostia por una barrita energética consagrada por el Presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Autónoma? ¿Se conservarán los atuendos de marinerito y de novia? Porque más apropiados serán los uniformes de guarda forestal, ertzaina, ninfa del bosque, hippy, pañuelo palestino o mozo-moza de escuadra.

¿Y las ordenaciones? Porque estos talibanes del laicismo reclamarán, en el momento de recoger sus actas de ediles mucipales, un ritual ad hoc que les habilite para oficiar.

En definitiva, hay un amplio campo por el que progresar hacia un fundamentalismo laico cuyas festividades parangonen en brillantez con las cristianas.

Ay, aquellos ateos inteligentes del pasado...

sábado 13 de junio de 2009

REBELIÓN ANTE LA SUBIDA DEL TABACO

Ya me había acostumbrado en estos tiempos a que el disparate se convierta en ley y se publique en los boletines oficiales del Estado o de las comunidades autónomas. Pero la crisis está provocando que estos absurdos derroten por la senda de la contradicción. Unos ejemplos:

* Nos dijeron que el automóvil era un despilfarro, que contaminaba, que destruía al planeta, y nos convencieron de que renunciáramos a él y nos acogiésemos al transporte público. Ahora no saben cómo incentivarnos para que compremos coches a pares y salvemos de la quiebra a esa industria.

* Nos pusieron a parir a la economía del ladrillo. Nos conminaron a frenar la expansión de aquella burbuja que explotaría en nuestras narices. Nos impelieron a renunciar a una propiedad para resignarnos al alquiler. Y ahora nos ordenan que compremos pisos como locos. Y que lo hagamos prontito y con bulla porque el mercado así lo requiere.

* Y después de fustigarnos a los fumadores con una persecución que ni la de Diocleciano, quieren valerse de nuestra debilidad para aumentar los ingresos de un Estado que camina hacia la indigencia.

¿Por qué siempre nos toca a los mismos? ¿Por qué cada vez que menguan las arcas de Hacienda nos eligen a los consumidores de nicotina a fin de aumentar la recaudación? ¿Por qué no reparten esa carga entre los practicantes de otros vicios? Y es que hay otras actividades que causan adicción susceptibles de penalizarse. Podrían, pongo por caso, subir las tasas del alcohol. Podrían introducir un impuesto especial sobre los preservativos o los dius o las píldoras anticonceptivas. Podrían penalizar fiscalmente las operaciones de estética y los implantes de tetas y los botos y hasta los pilates y los gimnasios. Podrían cobran un canon sobre la pornografía o reclamar un porcentaje a las casas de putas. Podrían incrementar el bocado fiscal a cualquiera de los muchos juegos de azar permitidos.


Pero no. El tabaco. Siempre le toca al tabaco, pese a denostarlo de todas las formas posibles, hacerse cargo del déficit presupuestario.

Ha llegado entonces el momento de plantarse, de decir basta con tanta tropelía. Haciendo cuentas, la subida de impuestos viene a ser equivalente a la de un cigarrillo por cajetilla. Propongo entonces la siguiente postura. Disminuyamos nuestro consumo exactamente en esa proporción. ¿Qué me fumo al día, un paquete?, pues a partir de mañana quemaré solo 19 pitillos. ¿Me fumo dos?, pues lo reduciré a 38 cigarros. ¿Fumo media cajetilla?, pues en jornadas alternas fumaré uno menos. Esto implica que cada 19 días (en el caso de un fumador de paquete diario) se ahorra uno de pasarse por el estanco.

Así, a nosotros apenas si nos supondrá esfuerzo (por supuesto que mucho menos que el imposible de quitarnos por completo del vicio), mientras que Hacienda recaudará lo mismo que ahora. Ni un céntimo más que hasta el presente. Dejaremos a nuestros fariseos con un palmo de narices. He aquí mi propuesta de consigna:

SUFRIDOS FUMADORES, PROCURAD CONSUMIR UN CIGARRO MENOS POR PAQUETE.

martes 9 de junio de 2009

MICROANTOLOGÍA DEL MICRORELATO




Ayer recibí 15 ejemplares de Microantología del microrrelato, el último título de Ediciones Irreverentes en el que colaboro con una breve historia. Como comprenderéis, queridos lectores de este blog, debo recomendaros esta antología en la que Miguel Ángel de Rus ha combinado autores clásicos con contemporáneos. Me ha gustado en especial el último de los cuentos, una genialidad de mi admirado (y aún vivo) Slawomir Mrozek.

http://www.edicionesirreverentes.com/Cercanias/Microrrelatos.html

SELECCIÓN NATURAL DE NUEVO

En una entrada anterior mencioné una historia relacionada con cierto mensaje subliminal que deslicé en uno de mis cuentos. Pues bien, mi buen amigo Antonio García González ha querido remediar la difícil visualización de aquel texto en el fichero html que colgaba de Internet redactándolo y corrigiéndolo en formato pdf. Además, Antonio ha tenido la amabilidad de permitirme enlazarlo de este blog.

Los interesados solo tenéis que pinchar en el título para echarle un vistazo.

Selección natural

martes 26 de mayo de 2009

INTERESANTE EXPERIMENTO

Está visto que mis compañeros y amigos del Departamento no dejan de inspirarme nuevas entradas. Hoy ha sido Mercedes, la directora local del máster interuniversitario en matemáticas. Me pidió el viernes, con este lunes como último día de plazo, que le mandase por e-mail unos datos personales para cumplimentar las fichas del profesorado en un formulario electrónico. El último de los cuatro apartados se refería a la realización de otras actividades no relacionadas con la docencia o la investigación. La llamé por teléfono.

Oye, Mercedes, ¿servirá el haber sido coordinador del departamento de informática del CEP? Sí, claro, Alberto, cosas como esas valen: pon todo lo que se te ocurra, cuantas más, mejor: así habrá más probabilidades de que la Junta de Andalucía nos renueve el máster. De acuerdo, Mercedes, ahora mismo te lo envío. Gracias, Alberto.

Pero tras escribir las cuatro o cinco facetas que me parecieron pertinentes, sentí un calambrazo cerebral que me llevó a añadir las siguientes a la lista de supuestas profesiones desempeñadas por mí:

* Ideólogo del cártel de tráfico de estupefaciemtes y trata de blancas de Toral de los Guzmanes

* Redactor Jefe del periódico Franco todavía no ha muerto

* Saltimbanqui tercero del circo La carcajada universal

* Picador de reses bravas de la cuadrilla de Jesulín

* Biógrafo de Ernesto Guevara y de José María Aznar (este como negro)

* Traductor simultáneo de los discursos del Rey al silbo gomero

* Verdugo suplente del cadalso número 14 de Teherán

Y ahí me paré. Si continuaba podría llamar la atención con tamaña versatilidad. Aún no le he dicho nada a Mercedes. Solo recibí un correo suyo en el que me agradecía mi prontitud. Si ella se limita a cortar y pegar, la relación de mis exóticos oficios seguirá su trámite hasta llegar a las más altas instancias de la Administración. Si así acontece, mi inocente bromita se convertirá en un interesantísimo experimento sobre el control de erratas en la transmisión digital de información.

Porque siempre sospeché que los burócratas encargados de examinar este tipo de papeleo informático solo abren una por una las pestañas con graciosos golpecitos de ratón a fin de comprobar que hay algo relleno por los solicitantes. El contenido es lo de menos. Análogos gazapos deslizados por mí en el pasado así lo confirman. Veremos qué ocurre en esta ocasión.

Os mantendré informados, queridos asiduos de este blog.

viernes 22 de mayo de 2009

CÉLULAS PADRE Y OTROS AVANCES LINGÜÍSTICOS

Antonio Fernández, un buen amigo y compañero del Departamento de Álgebra, Geometría y Topología, tuvo anteayer una idea espléndida, la de cambiar la denominación de células madre por la de células padre. Genial. Cuánta tensión se eliminaría de un debate que serpea entre lo ético y lo político. En relación a un asunto semejante, recuerdo haber leído no hace mucho el artículo de una feminista en el que se quejaba de cómo la crisis ha provocado un retroceso en las conquistas ya sustanciadas sobre el diccionario y la gramática. Por ejemplo, sólo se habla de parados, en lugar de parados y paradas, solo se menciona a los pequeños y medianos empresarios, cuando habría que decir los pequeños y las pequeñas y los medianos y las medianas empresarios y empresarias.
Solución al espinoso tema biológico que nos concierne: células padre al canto. Así, los defensores y las defensoras del lenguaje no sexista, elevado a la categoría de ley por algunos gobiernos autónomos, se alegrarían de estos progresos en la igualdad de género (género gramatical, claro, aunque se olviden los otros cuatro, neutro, epiceno, común y ambiguo, para los que no se ha redactado aún ni un decreto ni una resolución ni siquiera una miserable circular interna.)

Propongo los siguientes avances en política lingüística igualitaria:

Ahí está el padre del cordero. Lo pasamos de puto padre. El padre que te parió... Ese es el padre de todas las guerras. Regresaré al padre patria. En el fondo de la tinaja se asienta el padre del vino. Llovió tanto que se atoraron los padreviejos. Ese es el padre del asunto. Le mentaron al padre. Al final se salió de padre. Qué hijo de su padre... Esos son los polvos del padre Celestino.
Se admiten colaboraciones en esta excepcional tarea de emparejar padre y madre en nuestra lengua, aunque rica y antigua, todavía asaz machista.

LA SÁBANA

Este martes me llamaron por teléfono José Antonio Moreno y el resto de simpáticos presentadores del programa La sábana de Canal Extremadura Radio para entrevistarme en directo. Pasamos un buen rato de charla. Si queréis escucharlo, aquí os dejo un enlace:

lunes 18 de mayo de 2009

EL HUEVO DE FRANCO

A buenas horas nos hemos enterado de que Franco tenía un único testículo. (Es de suponer que el derecho, claro.) Este extraordinario descubrimiento ha sido hecho público por el escritor José María Zavala, quien da credibilidad al testimonio de la nieta del urólogo de quien fuera caudillo de todas las españas.

Al margen de lo indirecto o tortuoso de la fuente, noticia tan trascendental exige el inmediato levantamiento de la losa de El Valle de los Caídos, la exumación del cadáver y que un equipo de expertos forenses de todo el mundo examinen el cadáver con minuciosidad científica. No pueden quedar dudas acerca de la veracidad de centenares de expresiones vertidas durante décadas pues, de verficarse tamaña eventualidad, habrán de ser corregidas como corresponde. He aquí unos ejemplos:

Donde se dijo "los tenía bien puestos", habrá que decir "lo tenía bien puesto".

Donde se dijo "Franco redactaba leyes como le salía de las pelotas", habrá que decir "Franco redactaba leyes como le salía de su pelota".
Donde se dijo "vaya par de cojones", habrá que decir "vaya cojón solitario".

Donde se dijo "yo a Franco lo colgaba por los huevos", habrá que decir "yo a Franco lo colgaba de su huevo".

Etcétera, etcétera. He dicho.

miércoles 15 de abril de 2009

PATADA EN EL CULO A ESPIDO FREIRE

Este martes comenzó en el Instituto Municipal del Libro un ciclo sobre vampirismo y literatura tituklado La fuerza de la sangre. La verdad es que la imaginación de Alfredo Taján para buscar temas atractivos no deja de asombrarme. Por supuesto que me acerqué. Aquellos actos suelen comenzar con bastante retraso. Mas como practico una puntualidad nada acorde con la ciudad en la que vivo, llegué a la hora exacta: las ocho de la tarde. De ahí que, al irrumpir el primero en la sala, pudiera escoger la localidad más oportuna. La primera fila estaba reservada. Me decidí entonces por la segunda, por una silla casi enfrentada a la mesa de oradores y con buenas vistas a la pantalla de proyección.

Os cuento estos detalles acerca de mi ubicación, estimados lectores de este blog, porque resultará crucial en el desenlace del episodio que quiero relataros. A eso de las y veinte entraron Alfredo Taján, Luis Alberto de Cuenca, Espido Freire y los tres coordinadores del ciclo, Ana Rossetti, Noni Benegas y Óscar Martín. Taján, aparte de su función como Director del IML, ejerció de acomodador indicándole a De Cuenca y Espido los lugares donde sentarse. Oh, casualidad sublime, la afamada escritora cayó justo delante de mí. Reconozco lo apropiado de su atuendo, un vestido oscuro de mangas acampanadas y justa minifalda por la que asomaban dos espléndidas piernas enfundadas en medias de malla. Una vampiresa, vamos.

El acto comenzó tras los habituales posados para la prensa. No os daré aquí detalles, queridos amigos, pues para ello están las crónicas que habrán de aparecer entre hoy y mañana en los periódicos. Sí que añadiré que estuvo muy bien planteado: el audiovisual, la oscuridad, las intervenciones en directo de las poetisas como voces en off, la atmósfera tenebrosa, el ingenio de Alfredo Taján, la erudición y el desparpajo de Luis Alberto de Cuenca... Y la charla sin papeles de Freire que mostró una enorme facilidad para la expresión verbal. Ha sido la primera vez que he visto a alguien llevar las líneas de su exposición anotadas en un discreto PAD.

El caso es que los asientos de madera del Salón de Actos del IML son bastante incómodos. Mis ochenta y tantos quilos y las casi dos horas de duración del evento me impelían a cambiar con frecuencia de postura. Piernas extendidas. Piernas cruzadas. Apoyo sobre el lado izquierdo. Ora sobre el derecho. Retrepado en el respaldar. Inclinado hacia adelante... Y en una de esas evoluciones, creo que fue descruzando el pie derecho, propiné una patadita al trasero de Espido. Al principio pensé que mi zapato había rozado una pata de la silla, pero el ligero bote que dio la escritora me confirmó que el puntapié atinó en sus sugerentes nalgas. De hecho, ella amagó volver la cabeza, aunque no llegó a girarla ni cuarenta y cinco grados. Regresó de inmediato a su postura de escriba egipcio sin responder a mi inconsciente agresión. Quizá cayó en la cuenta de que romper el ambiente tétrico que se había establecido con una salva de improperios garroteros o sacudiéndome un indignado bofetón destruiría de golpe su áurea de sacerdotisa del Olimpo Literario. Aquello me salvó, gracias a Dios, de la vergüenza y el oprobio públicos. Pongo a todos los dioses por testigos de que mi coz no fue ni mucho menos intencionada. Un accidente, os lo aseguro.

Así, pido aquí disculpas, no solo a tan insigne figura de las letras, sino a cualquiera de sus fanáticos seguidores que se haya sentido ofendido por mi imperdonable afrenta física. Por otro lado, sirva mi acción para disfrute y regodeo de quienes se hallan en el extremo opuesto, es decir, de quienes opinen de Espido Freire que es una empollona, cursi e inaguantable y producto de los técnicos de la mercadotecnia. No puedo incluirme en ninguna de las dos banderías pues, si me decanto por la primera, podría achacárseme corporativismo al colmar de elogios a una compañera de editorial (ambos hemos publicado sendos libros con Algaida), y si la critico, se me tildaría de envidioso o resentido o fatuo presuntuoso. Comprenderéis, estimados seguidores de este blog, que no me pronuncie sobre el particular.

Lo entendéis, ¿verdad?

domingo 12 de abril de 2009

LA SOMBRA

Hubo una especie de pacto de silencio entre quienes vimos la sombra, pues ninguno deseábamos que se nos tomara por trolosos o, peor aún, por fanáticos a quienes el fervor religioso les nubla la razón. Porque ya hay en este país una nómina demasiado larga de chiflados a quienes se les ha aparecido la Virgen en un olivar, o se han cruzado por el monte con un Jesucristo con la cruz a cuestas. Y eso que nadie manifestó que la sombra se tratara de la Virgen, de Jesucristo o de cualquiera de los santos. No. Además, tampoco prentendíamos iniciar una leyenda, una más de las que proliferan en Semana Santa. A saber cómo la transformaría el boca a boca. Cada uno de nosotros elaboró para sí mismo su propia explicación sobre la sombra o se contuvo en exteriorizar su desconcierto. Por eso, queridos lectores de este blog, me limitaré a narrar los hechos conforme acontecieron, con la máxima fidelidad a mis recuerdos. Interpretad vosotros lo que estiméis real, lógico o verosímil.

Sabed, estimados amigos, que todos los años saco el trono de cierto Crucificado del que no proporcionaré más detalles. Entendedme si los omito, por favor. Las razones las expuse arriba. Ah, y aclaro, para los que no conozcáis la jerga cofrade de mi ciudad, que sacar un trono significa llevar sobre el hombro el paso en el que se procesiona a la imagen. Pues bien, admito que fui yo el primero en apreciar algo extraño. A la hora y media de comenzar el cortejo, una simple mancha negra irrumpió por el rabillo del ojo. Cuando dirigí la vista hacia ella, solo vi un balcón iluminado por el sol del atardecer. Creí que se trataba de una de mis moscas volantes, esas aglomeraciones gelatinosas del humor vítreo con las que aprendí hace años a convivir. El oculista me tranquilizó en su momento, me dijo que les pusiera nombre y me olvidase de ellas. Y desde entonces bailan en mi campo de visión al compás del movimiento de mis órbitas.

Pero en este día que relato, conforme avanzaba el crepúsculo, se repitió el fenómeno en varias ocasiones. En unas, al nivel de un segundo piso. En otras, el borrón ensombrecía una señal de tráfico o la base de un semáforo. Pero aumentado sin cesar la frecuencia de sus apariciones y creciendo en tamaño aparente. Luego supe que algunos de mi compañeros de varal también se habían percatado de esa evolución.

Ya al anochecer, la sombra se quedó a la derecha del trono, avanzaba con nosotros, por detrás del público, amoldándose a las fachadas de las casas, irrumpiendo en los portales, traspasando las lunas de los escaparates y las ventanas de los bajos. Si mecíamos el paso sobre el sitio, al compás de la banda, la sombra también se detenía. Permanecía ahí, impasible, cuadriculada tras una reja o plegada en el doblez de una esquina. En el grupo de 8 ó 10 hombres comenzaron a formularse comentarios.

¿No le notáis una especie de testa? Sí, yo se la noto, y cuando la pared es plana, se me figura que hasta tiene brazos. ¿Y qué luz la producirá?, Porque estos hachones de cera del frontal del cajillo no pueden crear una sombra tan alta. Qué va, imposible. Y si se tratara de las farolas, la sombra no se movería con nosotros.

Normal que la gente no la vislumbara. Ellos, de cara a la procesión, miraban hacia el crucificado, y no a sus espaldas. Solo quienes portábamos la imagen nos dimos cuenta de que la sombra insistía en acompañarnos. Durante nuestro recorrido por el interior de la Catedral, la sombra se agingantó con desmesura. Creció hasta alcanzar el cielo de las bóvedas. Con tamaña superficie oscureciendo las columnas pudimos comprobar que, en efecto, se trataba de una silueta humana. Titánica, eso sí, mas la propia de un varón vestido con una túnica semejante a la de nuestro atuendo de portadores.

De nuevo en la calle, la sombra se contrajo a una altura normal. Advertimos que intentaba acercarse al trono porque las tinieblas de su contorno ya no se deslizaban por los muros, sino que se ondulaban como un magma negruzco sobre las cabezas de los presenciaban el cortejo. Y así continuó todo el tiempo, a dos metros, a cuatro, a solo uno... Y estábamos a punto de acabar la procesión, en la maniobra de rotar el trono sobre sí mismo y enfilarlo hacia la puerta, cuando el foco de una cámara de televisión apostado en un tercer piso proyectó una segunda sombra, la del Crucificado que llevábamos a hombros. Las dos sombras quedaron muy próximas, flotando como fantasmas en la nube de incienso de los turiferarios. Giraban a nuestro mismo ritmo, pasito a pasito, nota a nota de la partitura, batida a batida del tambor... Uno de los apéndices de la primera sombra, el que semejaba su brazo derecho, se alargó unos centímetros. Lo suficiente como para palpar el travesaño de la cruz. Algunos lo interpretamos como producto de la perspectiva, que cambiaba de ángulo al movernos en el viraje. Otros aventuraron algunas hipótesis que no reproduciré aquí. El caso es que, en ese instante, justo con el contacto, la sombra desapareció.

Como os dije antes, queridos amigos, yo sé exactamente lo que vi, y tal cual lo vi os lo he relatado. Ni he añadido nada de mi cosecha, ni pretendo formular la menor explicacion. Que cada cual piense lo que estime oportuno.

jueves 9 de abril de 2009

MIÉRCOLES SANTO

A los seguidores de este blog que no conozcan la Semana Santa de Málaga les relataré en esta entrada dos tradiciones en verdad sensacionales que se viven la noche del Miércoles Santo en la capital. Una la lleva a cabo la Cofradía de Jesús el Rico. La imagen del Nazareno llega sobre su trono (llamado paso en otras localidades) a la plaza de la Aduana. Ante la imagen se sitúan el Obispo y el resto de autoridades civiles y militares. La gente enmudece. Los penitentes encienden sus cirios. Los músicos de la banda insertan en sus atriles de marcha la partitura del himno español. Muchos son los que se arrodillan. Otros preparan sus máquinas fotográficas. Nadie pestañea. Y en el instante en que suena un clarín, como aviso para que los intérpretes comiencen la ejecución de pieza tan briosa, se libera la paloma que fue capturada esa misma tarde en el Parque, y el ave evoluciona por una atmósfera mágica, revolotea hasta orientarse en medio de ovaciones y salvas de furor.
Y solo unas horas más tarde acontece un soberbio episodio. Este se desarrolla en la plaza de la Constitución, en el cogollo de la ciudad. Allí irrumpe la mole de 4.500 quilos sobre la que se erige una Virgen, qué casualidad, de nombre Paloma. Y conforme el trono avanza, se procede a la suelta de presos. Aplausos. Vítores. Lágrimas... Emoción a raudales. Los convictos han sido previamente repartidos entre el público para que los liberten durante la procesión. Creedme si os digo que el espectáculo supera lo grandioso. Conmueve contemplar cómo esos desdichados, libres ya de las bolas de acero que se encadenaban a sus pies, corretean sin saber a ciencia cierta a dónde dirigirse, despistados, tropezando con las sillas y las vallas, dispersándose entre la multitud enfervorecida que los aclama.
A nosotros nos dieron un recluso algo díscolo. Costó trabajo domeñarlo ymantenerlo inmóvil hsta el momento justo. Eso sí, al quitarle los grilletes, salió disparado como el que más. Qué externecedor y qué excitante fue todo. Os lo recomiendo para el año próximo.

martes 24 de marzo de 2009

MENUDO PIJAMA



Acabo de pasear por http://www.marveldirectory.com/, una página en la que están fichados cada uno de los superhéroes de Selecciones Marvel: Spider-Man, la Antorcha Humana, la Patrulla X, Thor o Estela Plateada. En mi juventud fui asiduo comprador de aquellos cuadernillos. Aún hoy releo los que conservo. Y cuando vi en la web la imagen de Electro, que incluyo en esta entrada, no pude evitar acordarme de sendos pijamas parecidos que nos regaló mi madre en una Navidad a mi hermano y a mí.
Son muy cómodos, Alberto, y como estaban en oferta dos por uno, ahí tengo otro para tu hermano.
De su comodidad no me atrevo a emitir un juicio. Ahora bien, aquellas prendas gozaban de inauditas propiedades físicas. Las más espectaculares se referían al electromagnetismo. Cuando caminaba a oscuras por el pasillo de mi piso, chas..., chaschás, saltaban chispazos de un pernil del pantalón al otro. Chas. Y los chasquidos que provocaba aquella minitormenta, chaschás, chas..., se escuchaban con cierta potencia, como las crepitaciones de una radio mal sintonizada. Reconozco que nunca me acostumbré a avanzar por el corredor iluminado por esporádicos fogonazos de electricidad. A veces hasta temía electrocutarme al ir enfundado en un condensador de quién sabe cuántos faradios. Porque las centellas alcanzaban varios centímetros. Creedme, amigos. Qué bravías. Ni las producidas por un carrete de Rumford. Para provocar tamañas descargas, la diferencia de potencial entre ambas perneras habría de medirse en miles de voltios. Y a mi hermano le sucedía igual. Él hasta pensó en coserle a cada dobladillo un juego de cadenitas metálicas, con el otro extremo arrastrando por el suelo, a modo de toma de tierra. También se nos ocurrió donar aquellas vestimentas de cama al Museo del Laboratorio Magnético de Faraday. Allí las expondrían junto a los aparatos más asombrosos.

Ah, y otro interesante fenómeno, este dentro del campo de la mecánica, acontecía al sentarse. Y se originaba en la propia fibra del tejido, y no en la tapicería del sofá, pues en aquella época el mío estuvo forrado en cuero, y el de mi hermano, en pana.

Qué curioso que la superficie interior de la camisa, la que contactaba con la piel, tuviera un coeficiente de rozamiento nulo, mientras que fuese infinito el de la exterior. Porque la tela se pegaba al respaldo con el ímpetu de un centenar de ventosas. Ni el velcro, vamos. Sin embargo, por dentro no ofrecía la menor adherencia a la carne humana. Así, poco a poco, por gravedad, uno se escurría hacia abajo, deslizándose por las entrañas del ropaje, viendo cómo el cuello de la vestidura se iba quedando arriba conforme la cabeza descendía, con lentitud, hasta el nivel del segundo botón, introduciéndose por completo. Os juro, queridos lectores del blog, que pasó por mi mente instalarme en el diván un cinturón de seguridad de coche a fin de no resbalar por las profundidades del pijama.

Menudo pijama.

martes 10 de marzo de 2009

SELECCIÓN NATURAL Y LA SUBLIMINALIDAD

El sábado me encontré con un antiguo amigo. Tras separarnos al finalizar el bachillerato, ha sido la segunda vez en poco tiempo que coincidimos. Antonio me comentó que estuvo ojeando en Internet uno de mis cuentos, Selección natural, con el que obtuve el II Concurso ASCII de relatos. No me extrañó que diese con él pues tuvo mucha difusión en la red. De hecho, casi aseguraría que es mi obra más difundida ya que lleva 11 años colgada en multitud de páginas de ciencia-ficción de todo el mundo. Sin embargo, evito releerlo ya que se me revuelven las tripas con el mal estilo que usaba en aquella época: redundancias, aliteraciones, solecismos, profusión de adverbios acabados en mente..., e incluso garrafales faltas de ortografía que me animan a vaciarme los ojos con una cucharilla para evitar su contemplación. No obstante, la historia tuvo mucho éxito y se encuentra muy referenciada. Quizá ello se explique porque el aficionado a la ciencia-ficción valora mucho más el fondo que la forma.
El caso es que, hablando con Antonio sobre ello, le narré una anécdota acerca de Selección natural que no me resisto a repetiros. Veréis, queridos seguidores de este blog. Pero antes de proseguir, he de puntualizar que dentro del texto de aquella obrita, y como parte fundamental del argumento, se incluía el volcado en hexadecimal de un virus informático sobre cuya autoría acusaban al protagonista. Aquella especie de sopa de letras y números se repetía en varias ocasiones a lo largo de la narración.
Pues bien, viajé a Sevilla a recoger el premio. (La entidad convocante, ASCII, era la Asociación Sevillana para la Ciencia-ficción y la Investigación Informática.) Y después de la ceremonia y de la entrega y de las fotos y de unas cuantas carcajadas (aquellos jóvenes eran muy simpáticos), me decidí a revelarles un secreto.
Bueno, muchachos, ya que me habéis dado el premio y esto no tiene vuelta de hoja, os voy a confesar algo: hice trampas.

Mis contertulios se quedaron un tanto sorprendidos. Vacilaban entre creerme o decantarse por una más de mis chanzas. Pero yo insistí.
Sí, ¿no os acordáis que en mi cuento iban unos cuantos volcados en hexadecimal?, pues en ellos camuflé en diagonal, de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha, la frase ES EL MEJOR CUENTO. ¿No notasteis conforme lo leíais el impulso inconsciente de premiármelo?, porque esos son los efectos de los mensajes subliminales...
No dijeron nada. Tampoco se rieron. Se mantuvieron así, en la sospecha de si me estaba quedando con ellos o les descubría una rotunda verdad. Vosotros mismos, estimados amigos, estáis en condiciones de comprobarlo sin más que examinar Selección natural. Claro que, en el formato html en que se encuentra, no resulta tan fácil de hallar el mensajito.

martes 24 de febrero de 2009

OTRA DE BANCOS

Siento repetirme en los temas, queridos asiduos de este blog, pero es que la vida se repite y se repite y se repite y se repite... Y uno de estos asuntos que, de modo natural, resucita sin cesar en nuestras vidas, es el de los bancos. He experimentado con ellos una reciente anécdota que no me resisto a relataros. Veréis.

Me encontraba resolviendo unos problemas en mi despacho de la Facultad de Ciencias cuando llamaron a la puerta. Adelante. Hola, buenos días, ¿puedo pasar? Se trataba de una joven atractiva vestida a lo ejecutivo y que llevaba un maletín de piel apretado bajo el sobaco. Del opuesto colgaba un bolso, también de piel. Don Alberto, soy del Banco B., y quisiera hablar un momento con usted acerca de una oferta, por si quiere trabajar con nosotros.

Andando, una oferta de trabajo. Y de una entidad importante. Como comprenderéis, me sorprendí con agrado. Y si encima habían enviado para captarme a la veinteañera más sexi de la institución, es que podría merecer la pena saber las condiciones. Pasa, pasa, por favor, y siéntate: venga, dime, te escucho. Sin embargo, si habéis sido más sagaces que yo, habréisi adivinado que ese trabajar con nosotros no significaba un sabroso puesto de directivo, sino que es esa la manera en que los bancarios se refieren en su jerga al hecho de traspasar mis cuentas y mis domiciliaciones con ellos. No obstante, tomé una pequeña venganza que me hizo olvidar la decepción.

¿Qué le parece, don Alberto? Seguro que el banco con el que ahora trabaja usted no le proporcionará tantas ventajas. No sé, la verdad es que estoy contento con él ¿Cuál es su banco, si me permite preguntarle?, ¿con qué banco trabaja usted ahora? Bueno..., no es un banco, es una caja de ahorros: la Caja C. Ah, ya, ¿y dice que está usted contento con cómo le tratan en Caja C.? Por supuesto, mira ahí, en la pared, ¿lo ves?, todos los años me regalan el almanaque. Ah, si es por eso, nosotros también regalamos almanaques. Sí, no dudo de que regaléis almanaques, pero seguro que en esos almanaques vuestros no salgo yo. ¿Cómo dice? Sí, te lo aclaro, ponte de pie y ven conmigo, ¿te fijas en la foto del almanaque?, ¿no adviertes nada peculiar?, ¿observas al que está sentado en ese banco? Caramba, cierto, es usted...

Le devolví la sorpresa, y con ella, la decepción. Imposible asegurarme que yo saldría en los almanaques del banco B. No pudo mejorar entonces mi situación actual.

Os quiero puntualizar aquí, amigos míos, que lo del almanaque no fue casual. Resulta que el fotógrafo que confecciona el almanaque de Caja C. es un íntimo mío a quien conozco desde la infancia. El año pasado, cuando le encargaron unas instantáneas del Puerto de Santa María, me pidió que lo acompañase, para no viajar solo, con la recompensa de invitarme a comer. No solo accedí, sino que me coloqué en el campo de su cámara cada vez que accionaba el disparador pues se me antojaba salir en el almanaque de Caja C.

Os confieso este inocente acto de vanidad.

OTRA CONVERSACIÓN CON TELEFONICA

Los comerciales de las compañías telefónicas solo se arredran ante las malas contestaciones que rayan la grosería o ante situaciones insólitas no contempladas en su manual. Hay varias técnicas para que la conversación con ellos sea breve, sin llegar a la descortesía. Si os acordáis, queridos amigos de este blog, ya me referí a alguna de ellas en una entrada anterior. Pero hoy os voy a relatar la última que puse en práctica anteayer.

¿Señor Alberto? Sí, soy yo dígame. Buen día, le llamo de la compañía X. para informarle de nuestra reciente oferta de servicios de telefonía.

Entonces vino el rollo de costumbre del que, por descontado, os indultaré. Pero el caso es que, antes de que me soltara la perorata completa, es decir, durante los preliminares, interrumpí a mi interlocutor telefónico con una frase de timbre muy sincero.

Ah, eso que me dice usted es muy atractivo, y me interesa mucho: ya me gustaría a mí contratar esa oferta: pero, por desgracia, estoy incapacitado legalmente para tomar decisiones, sepa usted que sufro desdoblamiento de personalidad: el capacitado es el otro: ha tenido usted mala suerte. Vaya, ¿y si llamo más tarde, hablaría con él? Lo dudo, caballero, mi otro yo odia el teléfono: lo siento, qué se le va a hacer...

Mano de santo, os lo aseguro.

lunes 2 de febrero de 2009

AL PATRIARCA HIPÓLITO G NAVARRO

Querido Hipólito:
Tu bajada por las escaleras sosteniendo en las manos el premio de "El Público" coincidió con una asombrosa asociación mental mía. Verás. Estaba sentado en el sofá de mi salón, fumándome un Reales, con Canal 2 Andalucía sintonizado, aunque leyendo un interesante texto acerca de la conjetura de Poincaré, mientras esperaba que subieras al estrado. Dejé el libro en el instante en que Jesús Vigorra pronunció tu nombre, faltaría más. Y sabes que no miento si te aseguro que me sentí orgulloso de verte allí, perorando con la facilidad y la agilidad neuronal con la que sueles perorar, deslizando tu fina ironía y reivindicando el mérito del relato frente a su hermana mayor, la sojuzgadora novela. Me pareció todo muy bien, qué quieres que te diga, aunque mi actividad literaria se centre precisamente en la novela y no haga más incursiones en la narrativa corta que las entradas de mi blog o las publicaciones en revistas literarias.
Pues eso, Hipólito, como te decía, pasé un buen rato, tan contento, retrepado en un cojín, el cigarrillo en la izquierda y el mando a distancia en la derecha, disfrutando de ese tu momento de gloria como me imagino que tú disfrutarías y subiendo poco a poco el volumen pues la tormenta y los truenos arreciaban al otro lado de los cristales. Y luego se escuchó un insólito estruendo. Al principio me pareció que se trataba de una escuadrilla de boing 707 planeando una cuarta más arriba de mi azotea. Deseché la hipótesis por imposible. A quién se le ocurriría despegar con tiempo tan infame. Fue entonces, en tu descenso del escenario, advirtiendo cómo tu barba de patriarca llegaba hasta el trofeo que sostenías entre tus manos, cuando se me vino a la cabeza una sobrecogedora escena de Los 10 mandamientos, aquella en la que Charlton Heston, interpretando a Moisés, bajaba del Sinaí portando unas tablas en las que poco antes se imprimió una decena de preceptos con tóner de rayos y centellas.
Pero no pude seguir atento a la televisión pues irrumpieron mi mujer y mi hija mayor conminándome a voces a que me asomara a la terraza. Descorrí alarmado la cortina. En efecto, un ventarrón azotaba a los árboles de la acera doblándolos hasta la horizontal. Algunos ya habían sido arrancados de sus alcorques. Vaya, vaya... Qué poder el de Hipólito para desatar las fuerzas de la naturaleza. Porque aquello, como comprenderás, no podía ser casual. Acuérdate, si no, de Abenámar, el moro de la morería. El aire corría con tanta velocidad que eran apreciables las líneas cinéticas con que se dibujaría el huracán en un cómic. ¿Dije antes ventarrón? De ventarrón nada: un tornado de carné. Un trozo enorme de chapa, procedente del techo de la estación de autobuses que está a más de 200 metros de mi domicilio, surgió de la izquierda para golpear el capó del único coche que circulaba por la avenida. De milagro no penetró por el parabrisas decapitando al conductor de un tajo. La puerta de mi casa, blindada como las de todo el bloque, tembló golpeada por un ariete rabioso. A través del umbral penetraba una corriente que desplazó la alfombra hasta la pared opuesta. Mi hija pequeña, la que estudia periodismo, se puso a grabar aquel estrépito que sonaba en la media aritmética del cataclismo y la ultratumba. Joder con Hipólito, la que ha armado. Mañana mismo le escribo contándole la repercusión en Málaga de la entrega de su premio. Mira, Alberto, el toldo. Mi mujer señaló al ventanal de la cocina. El toldo aleteaba furioso. No se sabía bien si amenazaba desprenderse o tirar de todo el edificio hacia poniente y llevarlo hasta Algeciras. Has que recogerlo, rápido, como salga despedido, a saber a quién puede caerle encima o provocar un accidente de tráfico.
Y entonces se armó, Hipólito. La polea del toldo se había desencajado. Quise subirlo a mano tirando de los nervios de aluminio. Suéltalo, Alberto, no importa que se vaya, ya se comprará otro. Si no es porque se vaya, Charo, si es porque no le ocasione un estropicio a nadie. Mas ni empleándome a fondo lograba vencer la resistencia al aire. Además, al abrir la ventana de par en par, las ráfagas atravesaban la vivienda como si me hubiese mudado al polo Sur. A Charo le entró un ataque. Y es que, al yo subirme a un banquillo para llegar con la mano a la polea, ella me agarró de las piernas pensando que yo también saldría succionado por el ventanal y agarrado a un original parapente. Quizá, de haber sucedido así, me habría reunido con aquel cura brasileño, que se elevó del suelo gracias a varios centenares de globos. ¿Te acuerdas? No se supo nunca más de aquel hombre. A lo mejor resolvía aquel caso a bordo de mi toldo volador.
Suéltame, Charo, que me tiras a la calle. No te suelto, bájate tú. Te aseguro, Hipólito, que si no fuese por el rugido del tornado, los gritos de mi mujer y míos los habrías oído tú en Sevilla. Suéltame te digo, que me tiras. No, no te suelto, bájate y deja al puñetero toldo de una vez, que no resisto verte ahí. Pues no me veas, vete a otra habitación y ya lo haré yo solo. Que no. Que sí.
Un numerito, Hipólito. Y mientras tanto, delante de nosotros revoloteaban gigantescas ramas de árboles, cartones, retratos de abuelas, chapones, periódicos, boletines oficiales de la Junta de Abdalucía, diccionarios de esperanto, bolas chinas, programas electorales, relojes de arena, telegramas de cese, peluquines, tangas... Los contenedores de basura circulaban por la calzada como auténticos veleros. Menos mal que aquello paró en unos cinco minutos. Ni mi mujer sufrió un síncope, ni yo emulé ni a Ícaro ni al Barón de Munchausen ni a aquel sastre parisino que inventó un traje volador y que él mismo probó desde la torre Eiffel con elresultado de quiebra del negocio por defunción.
En fin. Pese a todo, te reitero mis felicitaciones y espero que sigan dándote los premios que te mereces. Eso sí, antes de la ceremonia, avísame a mí y a Protección Civil.
Un fuerte abrazo de tu amigo
Alberto

domingo 1 de febrero de 2009

EL PENIQUE NEGRO Y OTRA VEZ LOS BANCOS

Un buen amigo mío, lector ocasional de este blog, me ha pedido que cuelgue en él alguna fórmula que permita calcular el importe del recibo de amortización de un préstamo. Lo hago encantado. He aquí un enlace


a través del cual os podéis descargar la hoja de cálculo Excel que he preparado. Ella os calculará el cuadro de amortizacion de cualquier préstamo sin más que darle como datos el capital, el tipo de interés y el número de meses en los que se amortizará. Por defecto he puesto 300 meses (25 años), pero podéis variarlo sin más que añadir filas (copiando y pegando fórmulas en celdas) o suprimirlas.

Ahora me he acordado de que hace años actué como perito en una demanda judicial a cuenta de los intereses abusivos que le cargaban a un familiar mío. Este hombre, llámese M., estaba escamado por el dineral que se le iba pagando los recibos con los que el banco B. le sufragó la compra de su coche. Acudió a mí para que confirmara los cálculos. Entonces fue cuando escribí la hoja Excel anterior. En ella quedó bien a las claras que B. estafaba sin escrúpulos a M. De ahí que M. emprendiese un litigio en el que su defensor me citó en calidad de perito. Pues bien, ni los cálculos exactos de una ciencia exacta ni mi título de Doctor en Matemáticas le sirvieron de nada. El banco ganó el pleito amparado en la ignorancia del juez. Porque nada hay tan normal en la gente de letras (los letrados) que jactarse de su ignorancia matemática.

Y aparte están los bancos, claro, que cualquiera se mete con ellos. De entre las muchas batallas que he librado con distintas entidades, hoy os quiero contar, queridos amigos, una de las más cómicas. Veréis.

Hubo una época en que llegaban a mi buzón varios recibos que domiciliaba en la misma cuenta, cada uno con un cargo de 20 ptas. por cargos de correo, pero todos venían dentro del mismo sobre. Ello implicaba que alguna de esa cartas me costaba más de 200 ptas., como se mi hubieran remitido un cerdo en canal, vamos. Así hasta que una mañana en que no tenía clases, decidí hacérsela perder al Director de mi sucursal. Me aprendí de memoria el rollo que le iba a soltar para mostrar de esa manera mi determinación.

Hola, buenos días. Buenos días, qué desea. Pues verá, vengo a interesarme por un asunto que me trae mosca: ¿cómo es que me mandan ustedes 8 ó 10 recibos en el mismo sobre y todos con gastos por correo? Ah, ya, eso es culpa del ordenador: eso le sucede a usted, me sucede a mí, a ese señor de la ventanilla..., a todos: no podemos hacer nada. Cómo que no pueden hacer nada, ¿acaso ha oído usted hablar del Penique Negro? ¿El Penique Negro?, no, qué es eso. Pues el Penique Negro, que lo sepa usted, se imprimió en Londres el 1 de mayo de 1840. Y fue el primer sello de correos de la historia. Costaba un penique y era negro. De ahí su nombre. Su invención por Rowland Hill supuso revolucionar las comunicaciones postales pues, gracias a él, se remedió una injusticia secular: la de que las cartas se las cobrase el cartero al destinatario, en vez de pagar el envío el remitente, como bien indica la lógica. ¿Es que no cree usted justo que el correo lo pague quien lo envía, y no quien lo recibe?, porque quien lo recibe no ha solicitado ningún servicio. Sí, sí..., lo entiendo, pero es que el ordenador...

El Director me miraba con ojos de muelle, boca de gárgola, mentón colgandero, como si tuviera frente a él a un evadido del siquiátrico. Pero me mantuve firme en mi postura de erudito enloquecido a lo Alonso Quijano. Y viendo que debía de aumentar la presión sicológica, proseguí con la segunda parte de mi estrategia, la de mencionarle la competencia. Porque mencionarle la competencia a un Banco surte casi los mismos espeluznantes efectos que mentarle la bicha a un gitano.

Pues sepa usted, señor mío, que le comenté esta circunstancia a un excelente amigo, que es nada menos que Jefe de Zona de la Caja de Ahorros C. Este amigo se sorpredió muchísimo con mi asunto pues en su caja no le cobran el correo a ninguno de sus clientes. Y me animó a que trabajara con ellos y así librarme de estos gastos tan irracionales. Y por mi parte, se lo confieso, sería muy doloroso cerrar esta cuenta con ustedes. Más que nada, por una cuestión sentimental: fue la primera que tuve, me la abrí con ocho años, a través de ella cobré mi primer sueldo, luego la puse conjunta con mi mujer...

Y mientras le largaba la monserga, el Director giró la silla para situarse cara a su ordenador. Tecleaba absorto en su pantalla mientras yo arremetía con nuevas referencias a la Caja C. Este tío no me prestará atención, pero por mis muertos que aquí estaré dándole el coñazo hasta que me desaloje el vigilante. Mas cuál no sería mi sorpresa cuando de pronto dejó el teclado, se volvió hacia mí y me dijo muy sonriente:

Ya lo tiene usted arreglado. A partir del próximo mes, no se le cobrará ni un céntimo por gastos de correo. Hasta la fecha.