1 ene. 2011

EL NUEVO MARISCAL RADETZKY

Acabo de escuchar, queridos lectores de este blog, el concierto de año nuevo. Sabido es de sobras por todos vosotros que se cierra con dos bises obligados: el soberbio Danubio Azul de Johann Strauss (hijo), al que sigue la Marcha Radetzky, vibrante y enérgica composición de Johann Strauss (padre). Pese a lo que narraré, quiero que conste que ambas piezas me encantan. La primera quedará para siempre en mi memoria ligada a una de las más bellas escenas de 2001 una odisea espacial, la fascinante película de otro gran genio. Stanley Kubrick fabula allí sobre una historia (¿tutelada?) de la evolución humana valiéndose, entre otros recursos, de la música. Al máximo avance tecnológico concebido en su época, una estación en el espacio orbitando la Tierra, la hace bailar al compás ternario de aquel vals. Y cada escalón evolutivo queda subrayado por el do, sol, do inicial del Así habló Zaratustra, obra de Richard Strauss, homónima e inspirada en la literaria Nietschiana que establece la teoría del superhombre (Übermensch). ¿Casualidad? Antes de proseguir, me gustaría apostillar que cuando el Danubio se estrenó en la Exposición Universal de París de 1867, el éxito fue tal que a las pocas semanas ya se habían vendido en el mundo un millón de ejemplares de la partitura. A comienzos del XX, el certificado de defunción de los valses orquestales fue expedido por Maurice Ravel bajo el soporte de una nueva obra maestra, La Valse.

Pero no estamos en ese 2001 del film. Una década después de la fecha imaginada por Kubrick, en una alegoría que raya lo grotesco, la Marcha Radetzky parece imponerse sobre el Danubio Azul. Conviene recordar ahora a la figura histórica del mariscal Radetzky. En su biografía destacan hechos gloriosos en las guerras contra Napoleón y en las campañas italianas, contribuciones a teorías reformadoras del ejército, el mérito de ser la primera persona que redactó la receta de la Cotoletta alla milanesa, costillas de novillo empanadas, vamos, y el haber contribuido decisivamente a reprimir las revueltas populares que azotaron a la Europa de 1848. Esta última faceta fue la que entusiasmó a Strauss padre, hasta el punto de construir sobre el trotar del caballo del militar el tema musical de la marcha con que lo homenajea. Se da la paradoja de que Strauss hijo, en las antípodas ideológicas de su progenitor, llegó a participar en los disturbios de Viena, e incluso estuvo encarcelado por atreverse a interpretar en público La marsellesa.

No en vano París fue el ejemplo a seguir en el resto del continente. La crisis financiera de 1846, las malas cosechas, la depresión económica posterior y un tercio de la población sin empleo provocaron el levantamiento de los pequeños burgueses y los asalariados. Ese fue el origen de la Segunda República. Las mismas circunstancias se daban en Italia con el agravante de la división política del territorio. En Milán, los manifestantes lograron imponer al vice gobernador algunas de sus reivindicaciones, pero Radetzky se negó a acatarlas. El mariscal masacró a los insurrectos milaneses amenazando además con bombardear la ciudad. Tras sucesivas victorias y derrotas parciales, las tropas austriacas, auxiliadas de napolitanos y franceses aplastaron el movimiento.

Y hete aquí que uno se ve en el 2011. Con más concreción, en el uno de enero de 2011. ¿Hay crisis financiera, crisis energética, crisis educativa, crisis laboral? Pues más o menos como en 1848. Con esto en mente, os invito a imaginar, apreciados amigos, que ocupáis una de las butacas de la Wiener Musikverein, una de las mejores salas del mundo en sonoridad. El concierto toca a su fin. En la selección de este año se ha incluido una pieza de cierta altura de espíritu, el Mephisto-Walz de Franz Liszt, como contraste al repertorio habitual, rendido a la música fácil y ligera que apetece tras la resaca de una noche de festejos. Antes aludí a una alegoría, aquella en la que parece que se impone la Marcha Radetzky sobre el Danubio azul. Permitidme que la entrevere con el relato.

Sale el director al escenario entre aplausos. La interpretación del vals de Strauss hijo ya es historia. Imposible recuperarla del pasado. En nuestros bolsillos todavía queda confeti de la víspera. Pero es tan historia como el vals. Un zigzag de batuta pone en marcha al tambor. Cuatro compases de tutti. El director desdeña a la orquesta y se vuelve hacia el respetable pues los maestros pueden interpretar solos. Conocen su trabajo. Es el público el que necesita lecciones de solfeo. Clap, clap, clap, clap… Muy bien. Lo están haciendo ustedes muy bien. Clap, clap, clap. Así, con ritmo, todos al tiempo fuerte del binario. Clap, clap, clap. Oiga, que me duelen ya las manos. Clap, clap… Usted se calla y a dar palmas. Clap, clap, clap, clap. Pero es que esto es demasiado rígido, ¿no podríamos volver a la libertad de movimientos de un vals? Clap, clap, clap. No. Clap. Donde haya una marcha uniformadora pisando sobre la Tierra, clap, clap, que se quite la anarquía de un baile en los espacios siderales. Clap, clap, clap. ¿Y no le parece a usted, señor director, que nos suben demasiado los impuestos y las tasas? Clap, clap, clap. Que se calle le digo, clap, si subimos los impuestos y las tasas y los precios, clap, clap, es porque no hay más remedio. Clap, clap, clap… Bueno, clap, si usted lo dice, pero no creo que sea urgente lo de las pensiones, clap, clap, a fin de cuentas, se piensa en dentro de 30 años, clap, clap, ¿no sería mejor esperar a superar la cr…? Clap, clap. Coño, no me replique, clap, clap, usted se mantiene pendiente de mi batuta y del redoble y ya está, clap, clap, ¿no ve que si le pido sacrificios, clap, es por su propio bien? Clap, clap, clap… Además, yo soy un mandao, clap, yo hago lo que me ponen en esta partitura. Clap, clap… ¿Y lo de los sueldos, señor director?, clap, clap, ¿recuperaremos alguna vez lo que nos han bajado? Clap, clap. Naranjas de la China, clap, clap, eso no está en el pentagrama. Clap, clap, aplaudan, clap, clap, sigan con sus palmas, clap, todos juntos sin rechistar. Clap, clap, clap. ¿Y el empleo, señor director? Clap, clap. Chitón le digo, clap, clap, ¿no ve que lo estoy salvando?, clap, clap, ¿no ve que gracias a mi responsabilidad y a mi entrega al bien común y a tomar el toro por los cuernos, clap, clap, acabaré por salvarlos a usted y a todos? Clap, clap, clap, clap… Sigan, sigan así. No se me descantillen. Clap, clap, clap, clap… Y al primero que no palmee al compás, clap, clap, lo militarizo de verdad. Clap, clap, clap. Va a estar el menda palmeando la Marcha Radetzky hasta empalmar con el concierto del 2012. Clap, clap, clap…

No sé vosotros, estimados lectores, pero, visto así, yo prefiero el Danubio azul..., y el confeti.