24 feb. 2009

Otra conversación con Telefónica

Los comerciales de las compañías telefónicas solo se arredran ante las malas contestaciones que rayan la grosería o ante situaciones insólitas no contempladas en su manual. Hay varias técnicas para que la conversación con ellos sea breve, sin llegar a la descortesía. Si os acordáis, queridos amigos de este blog, ya me referí a alguna de ellas en una entrada anterior. Pero hoy os voy a relatar la última que puse en práctica anteayer.

¿Señor Alberto? Sí, soy yo dígame. Buen día, le llamo de la compañía X. para informarle de nuestra reciente oferta de servicios de telefonía.

Entonces vino el rollo de costumbre del que, por descontado, os indultaré. Pero el caso es que, antes de que me soltara la perorata completa, es decir, durante los preliminares, interrumpí a mi interlocutor telefónico con una frase de timbre muy sincero.

Ah, eso que me dice usted es muy atractivo, y me interesa mucho: ya me gustaría a mí contratar esa oferta: pero, por desgracia, estoy incapacitado legalmente para tomar decisiones, sepa usted que sufro desdoblamiento de personalidad: el capacitado es el otro: ha tenido usted mala suerte. Vaya, ¿y si llamo más tarde, hablaría con él? Lo dudo, caballero, mi otro yo odia el teléfono: lo siento, qué se le va a hacer...

Mano de santo, os lo aseguro.

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