29 ene. 2009

Humo en el cuerpo


Anoche me llegué a la presentación del último número de Litoral, revista que permanece en la vanguardia de la poesía hispana desde que la fundaran miembros de la generación del 27. Bajo el título Humo en el cuerpo, este ejemplar se dedicaba al tabaco. Me sentí muy a gusto entre tanta alabanza al vicio, pese a los continuos reconocimientos de lo insalubre de su práctica, y tanto dato histórico acerca de su enorme influencia en todas las artes, y tanta anécdota referida a célebres autores del pasado y del presente que manifestaron que su obra no sería la misma si no la hubieran escrito con un cigarrillo o una pipa o un puro encendidos. Igual de a gusto que cuando hace 2 ó 3 años viajaba a Sevilla en ferrocarril. Recuerdo que los fumadores esperábamos a que el tren se pusiese en marcha para encender el primer pitillo. Recuerdo que, durante la singladura, se producía un relevo perfecto, casi de pista de atletismo, para que, sin ponernos de acuerdo, no hubiese en el vagón más de dos pasajeros fumando a la vez. Así facilitábamos su trabajo a los acondicionadores de aire. Y recuerdo un rictus de felicidad en los rostros de mis desconocidos compañeros de ruta, todos contentos en la seguridad de que nadie nos recriminaría, todos refugiados en un coche convertido en urna de desahuciados, todos compartiendo la misma flaqueza, todos a salvo de los talibanes anti nicotina. Recuerdo, además, que pensé en redactar una carta al periódico titulada Gracias, Magdalena, en la que agraderecía al Ministerio la impecable lógica de su permisividad pues allí, aislados de los sanos, no hacíamos mal a nadie. Sabido es que aquella lógica se transformó luego en una persecución absurda que adquirió tintes rayanos en la histeria. Pero a lo que me vengo a referir es al rato agradable que pasábamos los fumadores en las 2 horas de trayecto hasta Sevilla.
Como ayer. Ayer también se pasó un rato agradable. Porque ayer, en el salón de actos del Instituto Municipal del Libro, los fumadores militantes nos encontrábamos, insólito, en una posición de superioridad. Incluso los no fumadores intervinieron confesando con vergüenza su fuerza de voluntad, en ese instante convertida en defecto, o anunciando que al salir a la calle reanudarían de inmediato el hábito del tabaco.
Aparte de que en mis novelas siempre sale a relucir el tabaco, no es esta la primera vez que deslizo apologías del tabaco en mis escritos. En uno de mis opúsculos, El comité de las buenas costumbres, publicado por Irreverentes y por Trámite Parlamentario, ridiculizaba la cacería que sufrimos los fumadores comparándola con una hipotética represión del consumo de chorizo, tan insano este como el fumar.
Y es que los no fumadores deberíais ser más tolerantes. A vosotros me dirijo, queridos seguidores de este blog, si es que os contáis entre quienes poseen pulmones limpios. Tened en cuenta que nosotros somos débiles, no conseguimos resistirnos a nuestras pasiones. Somos espíritus enflaquecidos. Carecemos de vuestra fortaleza de ánimo. Eso sí, salvo excepciones, somos educados. Procuramos no molestaros. No invadimos vuestros espacios sin humo, esperando que no se nos eche la bronca en los insalubres. Pasamos frío en invierno y calor en verano, angustia en las conferencias, conciertos o películas que se alargan más de la cuenta, o un mono terrible al finalizar las comidas en común si estas se llevan a cabo en zonas prohibidas. Contemplad también la terrible circunstancia de que moriremos antes que vosotros y aquejados de terribles enfermedades. Pensad, si es que nos apreciáis, que os queda poco tiempo de disfrutar de nuestra presencia pues la vida se acorta para nosotros. Somos dignos de vuestra lástima, de vuestra conmisaración, de vuestra piedad, pero no de vuestra ira. Y si creéis que seremos una carga para la sanidad pública, creedme si os digo que hace tiempo realicé cálculos con cifras oficiales. Según aquellos, ya hemos abonado como 300 tratamientos a cargo del abultado impuesto que pesa sobra cada paquete. Ya sabemos que FUMAR PUEDE MATAR. A leer lema tan luctuoso en las cajetillas nos obligan las autoridades. Pero no caen en que el verbo fumar puede ser sustituido por cualquier otro: COMER PUEDE MATAR, VIAJAR PUEDE MATAR, LLORAR PUEDE MATAR, JUGAR AL TENIS PUEDE MATAR o incluso VIVIR MATA. Porque no hay nada tan certero como que la vida es condición necesaria para la muerte.
Perdonadnos, por favor, a quienes hemos optado por una forma lenta, aunque placentera, de suicidio.

6 comentarios:

  1. Sr. Castellón, me voy a permitir proponerle el siguiente acertijo que consiste en adivinar la identidad de dos chavales:

    Un año: 1975. Una ciudad: Málaga. En esa ciudad, un río: El Guadalmedina. Sobre ese río, un puente: el de Tetuán. Sobre ese puente, dos chicos: Equis y Zeta. El chico Equis renqueaba, mientras que Zeta andaba con aire ausente aunque sin faltas. Equis, además, era fumador, bebedor y practicante precoz de casi todo tipo de vicios. A Zeta, en cambio, dirigido siempre por ángeles, sólo se le conocían los vicios veniales propios de su edad. El tal Equis traga esputos de un golpe de tos y se lleva un pitillo a los labios, pero el viento apaga una, dos, tres veces su mechero ... y maldice. Al oirlo, Zeta abandona su ensimismamiento y recrimina a Equis, con vehemencia pero razonadamente, su depravación. Equis, acorralado y vencido por la capacidad de convicción de su amigo Zeta, se quita el cigarrillo de los labios y, sin mediar palabra, lo lanza al Guadalmedina.
    Hoy, Zeta es un un señor maduro y achacoso, pero libre de vicios.

    Ha sido un placer encontrar este blog. Reciba mi más cordiales saludos. Hoy, 31 01 2009, es una fecha íntegramente IMPAR.

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  2. fe de erratas del acertijo anterior.
    Donde dice: Hoy, Zeta es un señor maduro y achacoso, pero libre de vicios.
    Debe decir: Hoy, Equis es un señor maduro y achacoso, pero libre de vicios.

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  3. Me doy por cachy. Como adivinanza, no la resuelvo. Pero como fragmento literario, me ha gustado mucho.

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  4. Pues vaya fiasco. No pretendía hacer ningún fragmento literario; simplemente presentarme y mandarte un saludo. Aunque reconozco que ha pasado demasiado tiempo. Estoy terminando de leer Victoria y el fumador. Me he reído bastante.
    Saludos: Miguel A. González.

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  6. Joder, cómo no caí. Qué idiota soy... Me quedo maravillado de mi propia idiotez. Se me había olvidado por completo el episodio. Oye, me he alegrado mucho de este encuentro y de la emboscada virtual. Ja, ja. Y si le has echado una ojeada a entradas anteriores de este blog, supongo que adivinarás, con más perspicacia que la mía por supuesto, por qué me acordé de ti el verano pasado. Un abrazo.

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